Mi última salida de la región Cundinamarquesa me dejó bastante conmocionada por las discordancias, llevo más o menos ocho días con esas diferencias en mente, y creo que me iba a chiflar si no escribía algo al respecto, así que sabrán perdonar.
Con el sol del medio día en los hombros, una temperatura de unos 30 ºC y a una velocidad de 90 Km/h, uno no ve más que verde, una línea gris asfáltica que divide el paisaje de lado y lado, otra línea que divide arriba y abajo, arriba azul cielo, abajo, verde. Durante aproximadamente una hora la vista es la misma, aparecen esporádicamente algunas cabezas de ganado, algunas centenas o decenas, mi percepción con ese calor falla. Un acabado letrero que dice: “pescado fresco”; a la orilla de una carretera polvorienta con los bordes rojizos, color de la tierra típica de la región, ¿pescado de donde? ¿Fresco, cómo?. Una casa tras otra, o mejor, lado a lado; no suman más de veinte, contando ambos lados de la carretera y hemos pasado por una población caserío o como se le llame. El centro poblado no es muy diferente, un mayor número de casas, una única estación de servicio, de pronto Iglesia, Alcaldía y estación de policía, tiene taxis, improvisadas motos para más de dos personas, los niños juegan en la tierra, con la piel de pies a cabeza, seca, quemada, y escasos pañales o calzones como atuendo; supongo que los juegos son iguales, juegan a que algunos pedazos de madera son camiones o tracto mulas que pasan cada diez minutos a más de 100 Km/h cargadas con unos USD $55000, o que son lujosos mercedes y audis, o imponentes camionetas 4X4, todos infringiendo los límites de velocidad, dejando apenas el polvo rojo que hace que el pescado sea tan fresco.
Nota al pie: las cuentas y demás detalles son aproximaciones que pudo sacar mi cabeza estando metida dentro de un casco, cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia, es que no estaba funcionando tan mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario