Hace tiempo que no escribía, estaba creando historias en mi
cabeza que nunca han sido plasmadas sobre un papel, mucho menos sobre las
teclas de mi computador, porque esa extraña costumbre de querer expresar lo que
pienso, siento, veo… no se me ha quitado con el tiempo.
Tiempo, precisamente eso, lo que uno no puede recuperar, el
tesoro más preciado, me atrevo a decir que el tiempo es lo que realmente vale,
muchos reciben dinero por el tiempo gastado haciendo determinada labor.
Tal vez el día de hoy estoy escribiendo estas palabras
porque justamente hace 730 días llegó a mi casa el ser que ha hecho que este
tiempo no sea simplemente eso, una medida de lo que pasa, se ha convertido, en
acciones, movimientos, sentimientos; mucho más que simples 17520 horas.
¿Por qué parece más tiempo del que realmente es? Porque hemos
sentido mucho más de lo que creemos podemos sentir; ¿qué dice que un día, esa
vuelta de la tierra, es un día si no dormimos? ¿Si no abrimos los ojos?
Entonces qué importa el tiempo, si es lo único que pasa en esta
vida, que no podemos echar atrás, es precisamente la vida misma, tiempo que ha
pasado, vida que hemos vivido, el tiempo que nos queda, la vida que nos queda.


