Estaba buscando notas y cuadernos viejos de cuando esto no existía, encontré varias cartas y notas que escribí, empiezo a releer esas líneas y me llenó de emoción.
Algo llama particularmente mi atención, una hoja de un cuaderno rayado grande, rasgada al ser arrancada, escrita por ambos lados con tinta negra, con un título rojo un tanto descuadrado, una letra dispareja y poco legible; de una niña como de 10 años. Termino de leer esa hoja y siento como si la acabara de escribir para mí, ¿pero cómo sabría yo hace 13 años que sería tan apta en este momento?
A continuación lo que está escrito en esa hoja, ¿Usted qué opina?
A una niña triste
Carita de dolor, mirada ausente
Te vi una vez callada ante mis pies,
Sintiendo tu tristeza tan común,
Dejándote humildemente.
¿Qué me ha dado la vida? Preguntaban
Tus húmedas pupilas tan oscuras.
¿Qué te ha dado la vida? Te decía
Y me ahogaban de llanto tus preguntas.
Me dolía verte así, tan melancólica
Tan cansada de todo, tan ausente.
Eres solo una niña y sin embargo
Cuanta amargura llevas en tu frente.
Si pudieras reír como otras niñas
Y soñar con muñecas y con cuentos…
No hay sonrisa en tus labios, solo hay hambre,
Solo buscan miajas tus ensueños.
Llevas en tu carita sucia y triste
Un anhelo de amor, una esperanza.
No te dejes hundir, no desfallezcas,
Que tú tienes más alma que cualquiera.
No te dejes hundir, pequeña niña,
Que tu fragilidad es tu coraza.
Yo te vi desafiar tus propias lágrimas,
Yo sé que tú podrás reír mañana.
A veces quiero llorar, porque llorar también es una sensación y también es parte de la vida, aunque nos enseñen que no se debe hacer. A veces quiero llorar, porque porque llorando descubro emociones que nunca había sentido, y son sublimes. A veces quiero llorar, porque quiero que el mundo sea perfecto ya, y mientras espero, llorar parece ser parte inevitable del plan. A veces tengo que llorar, porque es lo único que puedo hacer.
ResponderEliminarEntonces vengo aquí, cuando nadie me ve, y esperando que nadie me vea.
Y leo... y lloro... como un niño perdido, como un niño que nunca lloró ni siquiera cuando nació, y ahora descubre que llorar también es amar, y también es parte necesaria e inseparable de la felicidad.
Parte necesaria e inseparable de enamorarme más.
Cada día más.