jueves, 20 de enero de 2011

Una gran admiradora



Me hubiera gustado crecer con más compañía de mis padres, pero ni fue así, y dentro de tantas cosas esa falta que me hicieron fue buena para mi, creo yo, por eso les voy a contar cosas que pasaron en mi infancia, como agradecimiento a Madre Selva y Papá Calderón.
Lo mejor es empezar por el principio, esto es, antes que naciera, no me acuerdo de nada, pero me contaron mis papás que querían que yo fuera niño,  y al parecer no les importó que resultara hembrita, me empezaron a criar como niño, o eso dicen, porque tengo muy pocos recuerdos de vivir con mis padres juntos, se separaron cuando yo tenía 8 años, pero antes de eso mi papá casi no permanecía en casa.
Yo era un niño al que vestían como niña, cosa incomoda para mi, los mejores años de mi infancia los pasé en una finca donde vivía con mi mamá, y para mí era un karma tener que usar vestidos para subirme a un árbol, o para jugar a los carritos en la arena, es que no sé en qué momento mi mamá acepto la idea de que era niña y quiso convertirme en la más femenina, pero ya tarde era.
Mi papá no vivía conmigo y era ese papá “perfecto” que solo aparecía para consentirme, pues me sacaba a pasear y me daba regalos (carritos, pistas, cosas propias de los niños). Mi mamá era el ogro del cuento, pero fue el ogro que me educó, y creo que le fue muy bien, es profesora, y conmigo nunca ha tenido la paciencia que tiene a sus alumnos, nunca me ayudo con mi proceso escolar, nunca me ayudo a hacer tareas, para mí era tortuoso y lloraba mucho por eso, gracias a eso no me gusta hacer tareas y soy feliz porque no me mortifico cuando no las hago, me dejaba bastante tiempo sola donde mi más grande compañía era la biblioteca, vivía encerrada en un cuarto con sus cuatro paredes cubiertas por libros, leyendo lo que se me atravesaba, no entendía mucho, porque había de todo.
Mis amigos de la “cuadra” eran los libros, los arboles, los animales, Viviana y Gabriel, la hija de la señora que le ayudaba a mi mamá en la casa, y el hijo de los que ordeñaban las vacas, hasta que llegó mi hermanito, hijo de mi mamá y del papá, para ese entonces yo tenía 10 años, y mi mamá trabajaba para mantenernos, aunque mi papá respondía por mí, pero solo la mitad, yo era como un bien más que se repartieron en la separación; regresando al tema de mi hermano, ¿cómo le enseñas a una niña que no sabe jugar con muñecos que tiene que criar a un niño? Simple, no le explicas, simplemente la dejas que se defienda sola, y así, aprendí a cambiar pañales, darle de comer, cuidar que durmiera, que estuviera bien de salud y demás menesteres.
De ahí en adelante éramos mi hermano y yo, una niña enseñándole a un niño lo poco que sabía de la vida, más o menos hasta que tuve como 15 años, donde yo prefería estar con mis amigos del colegio que con los amigos de la infancia que mencioné anteriormente, ya iba a fiestas, y el tiempo que pasaba con mi papá era de rumba con sus amigos y algunos primos mayores, aprendí a ser rebelde y algunas mañas, nada raro para un muchacho de mi edad, pero para una niña, Por Dios!!.
Esas cosas simples hicieron de mi lo que soy, y fue por todo lo que hicieron mis papás, mi mamá casi no me daba  gusto en las cosas, y le agradezco porque no soy una persona caprichosa, soy el hijo que mi papá siempre quiso tener, y gracias a eso se hacer muchas cosas que no saben mis congéneres.
Y para no aburrir más con cosas que no creo les interesen a mis pocos lectores, hasta aquí fue este post.

1 comentario:

  1. Realmente es una historia muy linda, y casualmente se parece a la mía, excepto por lo de que querían un niño, a mí creo que ni me quisieron al principio, fui un problema siempre, y viví con mi mamá en una finca y en muchas partes donde ella trabajaba por mí, entonces prácticamente siempre anduve por mi cuenta conociendo toda clase de gente y cosas. Pensándolo ahora, fui muy afortunado, y lo sigo siendo. Creo, y he podido ver, que los eventos de mi vida terminan causando circunstancias favorables, y así como tú, soy agradecido con el pasado. Puedo notar que eres una mujer genial, tus cosas no aburren, y sí interesan.

    ResponderEliminar